La Catedral del Buen Pastor ha acogido este 31 de julio una solemne y concurrida celebración en honor de San Ignacio de Loyola, patrono de Gipuzkoa y uno de los santos más universales nacidos en nuestra tierra. Numerosos fieles participaron en la procesión y en la Eucaristía, en un ambiente de profunda devoción y de alegría compartida.
La procesión estuvo encabezada por la cruz procesional y los ciriales, tras los que avanzaba la histórica bandera de la Virgen de Aránzazu, ante la que el propio San Ignacio veló durante su peregrinación, un símbolo cargado de significado para la espiritualidad ignaciana. A continuación desfilaron la imagen del santo y su reliquia, acompañadas por el inconfundible sonido de los txistus interpretando la tradicional Marcha de San Ignacio, mientras el repique festivo de las campanas y el lanzamiento de cohetes anunciaban la solemnidad de la jornada.
En la homilía, el párroco de la Catedral, D. Jon Molina, invitó a contemplar a San Ignacio como un santo cercano, “uno de los nuestros”, cuya vida demuestra que la santidad no es una meta reservada a unos pocos, sino una vocación posible para todo cristiano. Recordó que el fundador de la Compañía de Jesús fue un hombre de esta tierra que, dejando actuar a la gracia de Dios, transformó por completo su vida y continúa siendo hoy un referente de fe, discernimiento y entrega al servicio de la Iglesia.
Al término de la celebración, los fieles pudieron venerar la reliquia de San Ignacio, prolongando así el clima de oración vivido durante la jornada. Además, se repartieron estampas con la conocida oración Alma de Cristo, tan estrechamente vinculada a la espiritualidad ignaciana, como recuerdo de esta festividad y como invitación a seguir profundizando en el camino de santidad que San Ignacio continúa proponiendo a los cristianos de hoy.









